Estamos paranoicos y se nota. Hoy, gracias a los medios y las redes sociales, podemos enterarnos de lo que sucede al otro lado del mundo en cuestión de minutos. Si bien esto nos abre a la realidad de otros países y culturas, también nos entrega un sentido de realidad que a veces puede estar algo deformado o exagerado por medios sensacionalistas o por noticias falsas que corren por Facebook.

Estamos de acuerdo de que el mundo sí puede ser un lugar peligroso, ya sea en tu propia casa o en tu próximo destino, en menor o mayor medida. Lo ocurrido con las dos chicas argentinas asesinadas en Montañita nos recuerda una cruda realidad: en pleno siglo XXI seguimos siendo víctimas, continuamos siendo señaladas por viajar solas, sin un hombre que nos proteja.

Este artículo forma parte del taller “No viajo sola, viajo conmigo”, y esta primera parte está particularmente enfocada en romper ciertos paradigmas en torno a las mujeres que viajan solas. Es por eso que recogí 5 historias de mujeres que decidieron ir en contra de las normas establecidas y superaron barreras económicas, físicas y/o sociales para ir detrás de sus sueños.

En contra de un diagnóstico

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Foto: gentileza de Gabriela Capriles.

Gabriela Capriles ha vivido siempre con Genu Valgo, una condición en que las piernas están posicionadas en un ángulo hacia afuera cuando se juntan las rodillas. Hace aproximadamente un mes, su médico le dio un consejo que la sacudió por completo: debía dejar de forzar el trabajo de sus extremidades inferiores. ¿El problema? Gabriela es una fanática del deporte y de subir las cimas de su natal Bolivia.

Nada la detuvo y decidió subir el nevado Huayna Potosí, a 6.080 metros de altura. Y aunque en el camino vio a muchas personas que se devolvían antes de llegar a la cima, ella continuó, a pesar del dolor.

Moraleja: tener espíritu de superación. Gabriela prefiere que su doctor no se entere de su hazaña, piensa que él no cree en el espíritu de superación. Pero ella sí. Por eso ha decidido someterse a una cirugía para corregir su problema y volver a escalar cimas aún más altas y difíciles.

Un corazón roto en Egipto

A los 50 años y luego de un cuarto de siglo de matrimonio, Luz Aris se separó de su marido. Poco tiempo después la operaron de la columna. “No pude quedarme quieta y a los pocos meses viajé sola a Egipto y Turquía donde conocí a Amir, un egipcio de 35 años. Él trabajaba en las Naciones Unidas y hablaba 7 idiomas, menos español, así que nos entendíamos a señas”, cuenta.

Un día antes de regresar a México, Amir le pidió matrimonio y Luz aceptó. Volvió a su país y todos estaban impresionados con la noticia. Sin embargo, al poco tiempo se dio cuenta que no podría vivir en la comunidad musulmana. Y aunque terminó la relación, Luz no se quedó llorando por su separación.

Moraleja: primero, no hay edad para viajar. Y segundo, las mujeres podemos decir “No” si creemos que algo o alguien no nos hace feliz.

Le dijeron que no podría caminar y ella se fue de viaje

andrea

Foto: gentileza de Andrea Denish.

A la mexicana Andrea Denish le luxaron la cadera al nacer. Recién a los 2 años se dieron cuenta que algo no estaba bien. “Me hicieron estudios y no sabían que pasaba. Le dijeron a mi mamá que yo no caminaría, pero al poco tiempo lo hice. Aún los médicos no encuentran una explicación lógica a que lo hiciera”, explica.

Quiso someterse a una operación para corregir su forma de caminar, pero se la negaron. El médico le aseguró que era peligroso y le aconsejó dejar su carrera de arquitectura, la cual nunca podría ejercer. Andrea debía estar acostada siempre. Pero ella no hizo caso. Terminó su carrera con el mejor promedio de su generación y el 2015 cumplió el sueño de conocer París.

“En ningún momento sentí molestia ni dolor alguno. Y no sólo fui a París, sino que también a Madrid, Toledo, Barcelona, Roma, Pisa, Florencia, Venecia, Bruselas, Brujas, Amsterdam y Londres. Le mandé mis fotos a mi médico, acompañado de un mensaje que decía: ¿No que no podía?“, dice Andrea. Hoy planea un viaje a Asia y no tiene intenciones de operarse.

Moraleja: que otros te digan que “no puedes” no debe regir tu vida ni tus decisiones. Primero inténtalo, y luego decide por ti misma si realmente no puedes.

Por culpa de un velero

sahiana

Foto: gentileza de Sahiana Long.

Sahiana Long nació en un pequeño poblado de Uruguay. A los 17 años se fue a estudiar arquitectura a Montevideo y en sus primeras vacaciones se fue junto a unas amigas a recorrer Chile a dedo. “Un día estaba estudiando mientras escuchaba la radio”, cuenta. “De pronto entrevistaron a un uruguayo que llevaba 30 años viajando en velero por el mundo. Subí el volumen. Me fui a comprar el libro que estaba promocionando. Lo leí y me fui al puerto a verlo. Charlamos horas, tomamos té y me dedicó el libro. Llegué a casa y le dije a mis padres q me iba de mochilera”.

A la semana se fue sola con 200 dólares a recorrer Argentina, Chile, Bolivia y Perú. Trabajó en hostales, restaurantes, en recepciones, de artesana. Volvió a la universidad, pero no pudo quedarse quieta mucho tiempo. “Me fui a vivir a Brasil un par de años. Volví a Uruguay, seguí arquitectura, viajé a México, Ecuador y África. Me fui a vivir a la Paloma y con la ayuda de mi familia puse un hostal”. Luego de dos años confirmó que no puede quedarse quieta.

Ahora está en Australia, a punto de irse a Nueva Zelanda a trabajar con la Working Holiday visa. “Y pienso sacar la de Canadá. Como se titula el libro de Eduardo Rejduch de la Mancha, seguiré hasta donde me lleve el viento“, concluye.

Moraleja: busca inspiración en otros, pídeles consejos. A pesar de que siempre escuchamos o leemos lo contrario, el mundo está lleno de personas amables que quieren ayudarte.

Una viajera que no perdió la esperanza

maite

Foto: gentileza de Maite Achurra.

Cuando tenía 16 años, la madre de Maite Achurra (Chile) se fue con su pareja en busca de nuevas oportunidades, pero no volvió. “Me quedé con una de mis hermanas solas en la casa, hasta que una tía y mis abuelos paternos, ya jubilados, decidieron acogernos. Consciente de que no teníamos la mejor situación económica, conseguí una beca y decidí estudiar pedagogía en inglés“, relata.

Mientras estudiaba, descubrió una beca para trabajar como asistente de idiomas en el extranjero. Adelantó hasta 10 ramos en un semestre, mientras trabajaba como mesera y daba clases particulares. “Mis abuelos me ayudaron con lo poco que tenían para poder pagar el pasaje. Llegué a Inglaterra a los 21 años y trabajé allá durante un año. Viajé por Escocia, Francia, España, Portugal, República Checa y Marruecos”, cuenta Maite.

Defendió su tesis por video conferencia desde Inglaterra, terminó su carrera con distinción, volvió a Chile y viajó con su hermana menor a Perú para celebrar. “Ahora siento que nada es imposible y quiero viajar a todos lados. Mi próxima meta es aprender más idiomas y postular como profesora a voluntariados en el extranjero para poder ayudar a la mayor cantidad de niños posibles a no perder la esperanza“, finaliza.

Moraleja: no pierdas la esperanza y trabaja duro por tus sueños. La recompensa será muy grande.

Lee acá la segunda parte de No viajo sola, viajo conmigo: Experiencias desafortunadas y como resolverlas por Verónica Lambetti.

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