El sábado 17 de febrero fui a conocer el Tren del Espumante gracias a la invitación de SERNATUR. Esta es la crónica de un tren que me transportó desde el centro de la ciudad de Santiago hasta la viña Echeverría, en el corazón de Molina, VII Región de Chile.




La historia de esta ruta se remonta al verano de 2016, cuando se creó la Ruta del Espumante, formando parte de la oferta de servicios turísticos de Tren Central que incluye viajes al Valle de Colchagua y al Valle de Curicó, ambos destinos ligados al mundo del vino y del espumante.

Este es un viaje directo a las tradiciones chilenas, al corazón de la Séptima Región, donde los pasajeros pueden disfrutar del paisaje mientras degustan diversas variedades de vinos y espumantes.

Tren del espumante

El viaje se inicia puntualmente a las 9:10 am desde la Estación Central, con capacidad casi completa —al ojo calculo unas cien personas—. A los pocos minutos, la conductora nos da la bienvenida y los encargados anuncian que la cafetería está abierta y que el consumo es gratuito. Allí ofrecen jugos, agua mineral, té y café.

Un músico toca el saxofón y se alterna con la flauta traversa sobre una base de música envasada. Luego, los parlantes continúan con versiones electrónicas de música pop en inglés.

Rosi Guimaraes

El glamour de Brasil: Rosi del blog Nosnochile.

Con mi colega Rosi Guimarães del blog Nosnochile coincidimos que la música opaca la intención del viaje. En su lugar, sería más adecuado poner una música más suave y acorde —música chilena, sugirió Rosi— y a un volumen más bajo.

Los espumantes

Poco antes de las 11 am nos reparten unas bolsitas con snacks: papas fritas Tika, queso crema, galletas de soda, un Bon o Bon, alfajor, maní salado. Luego se da inicio a la degustación.

El primero que probamos fue Nina Brut Nature, espumante que sólo se vende en la viña Echeverría. Luego probamos un Nina Demisec y un Brut Rosé. Las encargadas de la degustación demuestran un completo manejo sobre los vinos que probamos. Nos entregan un papel con todos los precios de los productos la viña, los cuales tienen un precio especial para los visitantes.

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La señora Laura y sus tortas curicanas con manjar.

El tren hace una breve detención para que la señora Laura suba a ofrecer tortas curicanas a mil pesos el paquete. Luego continuamos el trayecto y llegamos a Molina alrededor del mediodía.

Molina y la viña Echeverría

En la estación nos recibe la alcaldesa Priscilla Castillo, Roberto Echeverría de Viña Echeverría, música en vivo y tres pie de cueca ejecutado por locales.

A continuación, seguimos camino a la viña a bordo de unos buses en un trayecto que no demora más de cinco minutos. En la entrada de la viña, nos espera don Roberto para hablarnos de su empresa. Muy simpático y locuaz, es la representación viva del eslogan de su empresa: salud y alegría con vinos Echeverría.

Luego nos da una charla sobre las diversas cepas y proceso de creación de cada vino, ahondando en las diferencias entre los dos métodos que utilizan: el tradicional y el charmat. Degustamos un Moscato Frissante, probamos unos canapé y nos separamos en grupos de aproximadamente 25 personas, cada uno guiado por algún encargado de la viña o por el mismísimo don Ricardo.

Nos explica que el Nina Brut Rose se sirve frío, entre 6 y 8 grados, que no hay que agitar las botellas y que debe ser servido en copa transparente con forma de tulipán, inclinada en 45 grados para q las burbujas no se suban.

tren sabores vino y espumante

Echeverría nos cuenta que el espumante es el maridaje armónico en el que el vino conversa con la comida, aunque también puede ser consumido como aperitivo o para acompañar el postre.

En la segunda parte de la visita a viña Echeverría, Cecilia Silva, Gerente de Viñedo, nos muestra el proceso desde que se selecciona la uva y se pone en líneas de selección. El proceso de espumantes, blancos y tintos varía según las máquinas por donde pasa cada uno. Un tema para los entendidos del vino, pero también para curiosos.

En la tercera parte, Víctor Ribera, del equipo enológico a cargo de los espumantes, nos acompaña en las barricas para hablarnos de la importancia de la temperatura, del grosor de los tanques y de los componentes de cada vino. Aquí nos ponemos un poco más específicos y me pierdo en la explicación.

Alrededor de las 14.45 pm pasamos a un jardín encarpado donde nos espera un almuerzo típico del campo chileno: de entrada, una generosa empanada de pino; de fondo, carne mechada, papas cocidas y ensalada.

La velada es acompañada por un músico solitario, pero el volumen dificulta la conversación en la mesa.

Don Roberto se turna con el guitarrista para hablarnos del vino o para hacer regalos a los recién casados, a los cumpleañeros, a los que celebran aniversarios de boda.

Pero los regalos no se detienen ahí. Luego de almorzar, volvemos a la entrada de la viña, al frente de las parras, donde Echeverría nos invita a participar en juegos criollos. Muchos ganan botellas, yo me quedo con las manos vacías. Mala suerte en el juego, buena suerte en los viajes.

De regreso a Santiago: ¡fiesta!

Volvemos a los buses que nos llevan a la estación de Molina. Ya arriba del tren, se anuncia que habrá otra degustación y que un DJ se encuentra en el sector de la cafetería para animar el viaje.

Aprovecho para consultar a algunos de los presentes su opinión sobre la experiencia. Un grupo de japoneses está feliz. Hablan español —toda la actividad es en ese idioma— y aunque creen que el punto más bajo es el almuerzo, agradecen la calidez de todas las personas encargadas del tren y la visita a la viña.

Unas brasileñas bailan y toman espumante. Me confiesan que sintieron que hubo un bombardeo de información constante durante la visita a la viña, lo que las agobió un poco.



El resto de los asistentes baila, animado por la música de moda y el bar abierto (a estas alturas ex-cafetería). Otros se quedan en el vagón en compañía del saxofonista o duermen, como Nicole Etchart, del blog Viajando Lento. Llegamos a Santiago pasados las 8 de la tarde.

En definitiva, el Tren Sabores Vino y Espumante es ideal para los aficionados del vino y para pasar un sábado distinto, fuera de la urbe. Sin embargo, recomiendo que no lleven niños, ya que los que había estaban visiblemente aburridos.

El pasaje cuesta $69.900 clase preferente y $59.900 clase salón, en el que viajamos nosotros.

Incluye:

Pasaje ida y vuelta a Molina.
Música en vivo a bordo del tren.
Snack a bordo.
Servicio de cafetería incluido.
Copa de regalo.
Degustaciones de espumantes al interior del tren.
Actividades culturales en la estación Molina.
Traslado en Buses hasta Viña Echeverría.
Recorrido por la viña.

Los pasajes están disponibles en boleterías de Tren Central y a través de la página web www.trencentral.cl donde se puede encontrar información de otros servicios turísticos similares, tarifas, fechas de salida y programas.




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Fran Opazo

Periodista con mención en Comunicación Digital y un diplomado en Historia. Colaboro en distintos medios y realizo charlas sobre la transformación digital en el turismo. El 2018 empecé a trabajar en una agencia de Marketing Digital y a escribir contenido para la Promoción Oficial de Chile en el mercado nacional e internacional (Chile Travel y Chile Es Tuyo). Si necesitas mis servicios profesionales, no dudes escribirme a lavidanomade@gmail.com. Véamonos en Instagram Facebook y Twitter.

1 comentario

Rosi Guimarães · 1 marzo, 2018 a las 10:15 am

Linda! Gracias por citar o Nós no Chile é minha foto com a cara mais feliz do mundo. Adorei!

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