Viajar de Montreal a Nueva York en tren era mi opción y el desenlace perfecto para este viaje por Norteamérica. Los aviones son para quienes deseen llegar rápido y quizás dormir una siesta rápida en el trayecto. Llegar es el verbo. En mi caso, el plan era ir. Disfrutar de los escénicos paisajes que unen la frontera de Canadá con la Costa Este de Estados Unidos.

Adiós a Montreal.

El invierno norteamericano tiene su encanto, sobre todo para una sudamericana que ha experimentado la nieve solo un par de veces en lo alto de la Cordillera de los Andes.

La estación de tren de Montreal se encuentra en la Estación Central (Gare Centrale), en el centro de la ciudad. Llegué caminando desde mi hostal, arrastrando mi maleta, en mi afán de dejar los pies en cada lugar que visito. Los -14 C no me detuvieron. Un viaje de 10 horas y 30 minutos me esperaba.

Para subir al tren solo debí presentar mi ticket en mi teléfono. Llegué 15 minutos antes de abordar y los canadienses, tan amables ellos, parecían adivinar que el sueño me tenía las neuronas dormidas: me guiaron el camino al tren, sin siquiera pedir indicaciones.




A las 10.20 am el tren inició la travesía. El auxiliar, muy alegre, daba las indicaciones por los altavoces. Por supuesto, era canadiense y su buena onda desbordaba el vagón.

El camino cambió de golpe, dejando atrás la arquitectura europea de Montreal, ofreciendo colores y texturas invernales que pondrían celoso a cualquier pintor.

Los asientos eran amplios y mi vagón iba casi vacío. Arriba de los asientos iban las maletas. La mía, de tamaño mediano, cabía sin problemas.

Ya en la frontera, el tren se detuvo y me despedí de las praderas nevadas de Canadá, sus casas de campo y pueblos de cuento.

Los oficiales de inmigración de Estados Unidos hicieron su flamante aparición. Los canadienses se fueron a echar una siesta —o eso parecía—, mientras los americanos hacían su trabajo. La oficial que vio mi pasaporte pidió que la esperara en el vagón de la cafetería. Me pareció raro. Tenía mucho sueño y así no proceso muy bien. De hecho, ni me acordaba que estaba viajando con un queso canadiense a medio comer y unas semillas que no declaré.

Resultó que cuando llegué a Nueva York, entré con mi visa de tripulante y no con mi visa de visitante. Ahora entiendo porqué el oficial del JFK se veía tan confundido, aunque le dije claramente que iba de visita y que había renunciado a mi trabajo en cruceros.

Sobreviví al frío de Montreal.

La visa C1D (la de tripulante) solo se usa para transitar, antes de subirse a un barco o mientras se trabaja en territorio americano. Por lo tanto, aunque bien pude entrar con ella, me podría haber traído problemas porque no iba a trabajar en un crucero. Cuando me fui de Nueva York a Toronto en bus no me dijeron nada al cruzar la frontera canadiense

La oficial entendió de inmediato que el error había sido de su colega del aeropuerto, pero aún así me hacía preguntas capciosas disfrazadas de buena onda, tipo “Ahh trabajaste en cruceros, ¿cuál te gustaba más?, a ver si caía con alguna. Hay gente que se pone nerviosa. Yo los trato como amigos.

También le pareció extraño que tuviera visa de visitante y no la ESTA —hace algunos años los chilenos no requerimos visa para visitar EE.UU.—. Antes necesitábamos visa y duraba 10 años. La mía se vence el 2019 y no tengo razones para no usarla.




Debí completar un formulario de ingreso y pagar 6 dólares por el sello (esto es por el problemita con la visa). Y listo, bienvenida de vuelta a Estados Unidos. Nunca nadie se enteró del queso ni de las semillas.

Luego de este trámite de 30 minutos, seguí mi viaje en tren de Montreal a Nueva York. El paisaje no perdió encanto alguno y los bosques sobre las colinas y las lagunas congeladas se volvieron protagonistas.

Detalles del tren de Montreal a Nueva York

El tren de Montreal a Nueva York ofrece Wi Fi. Muy buena señal, funcionó casi todo el viaje, permitiéndome trabajar.

Hay una cafetería con café, bebidas, sandwiches y snacks.

Las paradas son muy cortas. Solo en una logré bajarme, como niña, a grabar la nieve. El auxiliar buena onda me sonreía de una forma casi paternal.

El viaje es largo, pero muy cómodo.

El pasaje me costó 70 dólares americanos. Lo compré con una semana de anticipación, por Internet en el sitio web de Amtrack.

El tren tiene un baño, pero no esperes nada espectacular, espacioso o muy limpio, aunque estaba bastante mejor que los baños de MegaBus.

¿Hay otra forma más barata o mejor para viajar de Montreal a Nueva York o de Nueva York a Montreal? Quizás, pero yo solo quería viajar en tren.

Llegada a Nueva York

A las 10 horas y media de haber dejado la Gare Centrale de Montreal, el tren se detuvo en Penn Station. Nueva York me recibió de golpe, con la gente hablando a todo pulmón, indigentes pidiendo dinero y la máquina de la MetroCard tragándose mi tarjeta con 8 dólares. Fue el despertar abrupto de un sueño blanco en la frontera.

Si vas a Nueva York en invierno, te puede interesar leer cómo vertirse para el invierno en NY o dónde comprar ropa abrigada. Las mismas prendas me sirvieron en el invierno canadiense.

También tengo algunos consejos para encontrar alojamiento en Nueva York.

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Categorías: BlogCanada

Fran Opazo

Periodista especializada en Comunicación Digital y diplomada en Historia. Trabajo remoto creando contenido para diversas marcas, realizo charlas sobre Marketing y Turismo, y escribo para la Promoción Oficial de Chile (SERNATUR) en el mercado nacional e internacional (Chile Travel y Chile Es Tuyo). Si necesitas mis servicios profesionales, no dudes escribirme a lavidanomade@gmail.com. Véamonos en Instagram Facebook y Twitter.

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