Si quieres saber un poquito sobre mí, estás en el lugar indicado. Soy periodista, diseñadora de vestuario, tripulante ocasional y viajera imparable. También he sido bartender, mesera, DJ, vendedora de joyas, recepcionista en un barco de viejitos ingleses, profe de inglés. maquilladora, jardinera, y eso sólo por nombrar oficios legales. Me gusta la comida japonesa, la cerveza y los hombres con acentos raros.

Lo más importante: tengo un magister en aperramiento. Mi papá dice que mi peor defecto es ser muy directa. Según yo, es mi mejor cualidad.

2004 – 2007 | Trabajé como diseñadora de vestuario.

2007 | Fui mochileando 40 días a Costa Rica y Panamá y todo cambió.

2008 | Soñé que iba a Nueva Zelanda. Dejé el diseño y postulé a un trabajo a bordo de Carnival.

2009 | Luego de dos contratos en barco y un corazón roto, me fui a Nueva Zelanda.

2010 | Empecé a extrañar los barcos. Me fui a Royal Caribbean.

2011 – 2012 | Entré a estudiar Periodismo. Me las ingenié para viajar 4-5 meses todos los años durante toda la carrera.

2013 | Dejé la universidad por un semestre y trabajé en Princess, en la recepción. Lo pasé increíble.

2014 – 2015 | Nació este blog, seguí estudiando y empecé a trabajar en Norwegian.

2016 | Vendí todo. Me fui un mes a China, 4 meses a un barco que se paseaba entre Seattle, Alaska y Canadá, y otros 4 meses a recorrer Tailandia, Vietnam, Malasia y Japón.

2017 | Volví a Chile con la idea de retornar a Vietnam. Veamos qué pasa.

Actualización: no volví a Vietnam. Me quedé en Chile porque las oportunidades empezaron a multiplicarse. La Vida Nómade se convirtió en el blog de viajes más leído de Chile y entre marzo y agost, di más de ocho charlas sobre medios y viajes. Además, a comienzos de año fundé AChileTB, la Asociación de Blogs Chilenos de Viajes, primera iniciativa de su tipo en Chile que busca apoyar y potenciar a los blogueros nacionales. Sí, si, ya copiaron la idea, pero supongo que las buenas ideas siempre serán imitadas. Estoy feliz. Ha sido un gran año 😀

Advertencia: este artículo se viene largo. Ve por una cerveza.

Cuando era niña siempre aspiré a recorrer el mundo, pero me limité a hacerlo a lo largo y ancho de Chile, pero además, en mi mente a través del teatro y de la literatura.

A los 16 años fui de gira de estudios al norte de Chile y en San Pedro de Atacama conocí a un tipo de 36 años que se presentó como Frambuesa. Me contó que venía de recorrer varios países. Era una mezcla entre hippie de pelo corto y un soldado que volvía de la guerra, con una sonrisa eterna y muchas historias que contar. Había algo en él, un mundo misterioso que yo no conocería hasta muchos años después. A los 17 años viajé por primera vez fuera de Chile con mi hermano y una prima. Años después iría a Brasil, con mi familia.




Pasó el tiempo, entré a la universidad y conocí el otro Chile. Pasé muchos años dedicada a la noche y la bohemia. Era una intrusa en un mundo al que, supuestamente, no correspondía. Vinieron los tatuajes, los pelos de colores, los amores incompletos. La década perdida. Hasta que viajé a Costa Rica. Desde entonces no pude parar más. Me topé con personas que sólo parecían encontrar su lugar cuando se encontraban en movimiento, que no se adaptaban al mundo “serio y estable”, un lugar donde a nadie le importa de que colegio egresaste.

De vuelta en Chile dejé mi trabajo como diseñadora y decidí irme de viaje. Pero había un problema: no tenía plata. A ver, qué hago, pensé. Googlié y llegué a un aviso en una página súper ordinaria: “Se buscan vendedores en cruceros”. ¡Perfecto! Voy seis meses, junto dinero y me voy a Nueva Zelanda, pensé. Y así fue.

Si crees que trabajar en un barco es un trabajo de ensueño, deja que te cuente como es La realidad del trabajo en cruceros.

En menos de un mes ya estaba arriba del Carnival Paradise. Mi mamá estaba convencida de que en realidad era una trata de blancas, pero no. (En serio que no). Un año después me fui a Nueva Zelanda, limpié cocinas, escalé glaciares, viví la vida. Fui increíblemente feliz durante casi 6 meses.

Lee aquí los 4 errores de novato que cometí en ese primer viaje a Nueva Zelanda.

El problema es que me había contagiado la enfermedad del tripulante, aquella que hace regresar una y otra vez a altamar. Hasta que un día se me ocurrió volver a la universidad. Yo quería contar historias y quería contarlas bien. Además, era una deuda no saldada con mi viejo.

En eso estuve, colándome en la fiesta de los periodistas durante 4 años y medio, viajando en barco los veranos y mochileando los inviernos. Mientras tanto, y para curar la ansiedad de no poder viajar 100% del tiempo, nació este blog donde comparto sobre mis experiencias alrededor del mundo. En mi último año en la universidad me gané una beca a Corea. ¿Ven que ser buen alumno rinde sus frutos a veces?

Ya estoy titulada y, hasta ahora, he conocido alrededor de 40 países. ¡Y pienso seguir haciéndolo! Porque entre nómades e historias es donde pertenezco, ya sea como periodista, bloguera, profesora de inglés o vendedora de joyas, seguiré viviendo La Vida Nómade. Bienvenidos.

PD: Frambuesa, si es que estás vivo… ¡gracias por la inspiración!

Y si quieren leer historias que no publico en este blog, les sugiero me sigan en mi Fanpage y en Instagram.

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