A continuación voy a contar con detalle todo sobre el robo en San Pedro de Atacama y mi primera (y lamentablemente nefasta) experiencia con Worldpackers, todo ocurrido entre el 28 y 31 de diciembre de 2017. Espero que los hechos hablen por sí solos.

Iba a pasar el Año Nuevo fuera de Santiago. Ya estaba decidido, no importaba donde ni con quien, aunque San Pedro era mi primera opción. Algunos hoteles estaban interesados en hospedarme, pero no llegábamos a acuerdo y ya me estaba poniendo nerviosa porque se acercaba el Año Nuevo y necesitaba arrancar de Santiago.

San Pedro de Atacama es uno de los destinos más visitados de Chile

San Pedro de Atacama es uno de los destinos más visitados de Chile.

Recurrí a Worldpackers, una plataforma que da alojamiento a cambio de tus habilidades, una página web que siempre recomiendo. Ya había hecho este tipo de voluntariado y me gusta mucho. De preferencia, ofrezco mis servicios como creadora de contenidos o ayudando en la estrategia de redes sociales de los hospedajes.

Sin embargo, entre los hostales disponibles no había esa opción. La mayoría buscaba personas que limpiaran, excepto Llama Loka, que necesitaba a alguien que promoviera las fiestas, ayudara en los tours y trabajara como bartender. “Perfecto”, pensé, ya que tengo experiencia en todo eso. Les escribí el 24 de diciembre.

Mi plan era quedarme hasta el 14 de enero, puesto que había muchas agencias invitándome a hacer tours y yo quería grabarlos con una cámara GoPro que compré el 23 de diciembre. Llama Loka me contestó el 26 de diciembre diciendo que estaban encantados de recibirme. Al día siguiente confirmé mi hora de llegada.

Viajé a Calama con JetSMART, la nueva aerolínea ultra low cost, el 28 de diciembre y llegué alrededor de las 2 de la tarde. Tomé el bus rumbo a San Pedro y llamé a Sebastián, uno de los encargados de Llama Loka. Me dijo algo ofuscado que me esperaban el 27 aunque yo siempre dije que llegaba el 28.

Lee aquí la reseña de mi primer vuelo con JetSMART.

Llegué al hostal en un taxi que pagaron ellos. Carolina, otra encargada, me mostró la habitación de los voluntarios. Le pregunté si había lockers y me dijo que no lo necesitaban. “Ojalá no nos traigas esa onda para acá”. No sé qué quiso decir, pero me sentí insegura. Es sabido que a veces llegan personas externas a los hostales a robar o entre los mismos viajeros hay ladrones, lamentablemente. Lo he visto ocurrir muchas veces. Los hostales no se hacen responsables, por lo tanto, creo que es necesario que provean las condiciones óptimas para que sus pasajeros puedan guardar sus pertenencias de forma segura.

El hostal es grande, con piscina y bar y tiene un domo para fiestas. Como casi todos los hostales de San Pedro, es bastante hippie y rústico. Apenas entré a la habitación, sentí un olor nauseabundo. Hice mi cama con las sábanas que me pasó Carolina. Y observé que en la pieza había cotonitos usados, platos y pocillos sucios, mucho polvo. Había también un cuchillo sobre el velador y más platos y vasos sucios.

llama loka hostal cochino

Platos y cubiertos sucios. El piso estaba lleno de polvo, algo esperable en el desierto, pero el mal olor no tiene justificación alguna.

Luego olí la frazada con la que supuestamente me iba a cubrir y descubrí que el mal olor provenía de ahí. Era una mezcla de olor a pies, a genitales, a vómito. Era realmente asqueroso. ¿Quién recibe a alguien así en su hostal u hotel, sea pasajero o voluntario?

En mi vida de viajera me he quedado en todo tipo de alojamiento, desde carpas a hoteles 5 estrellas, e incluso he compartido habitación con 9 personas más y nunca vi algo tan cochino. Nunca he tenido problema en compartir pieza, pero creo que la suciedad es inaceptable, sobre todo cuando los encargados están al tanto y no hacen nada al respecto.

Le comenté la situación a Karina, mi contacto en Worldpackers y con quien he desarrollado una relación cercana. Se mostró molesta. No me gusta el conflicto y quería saber su opinión y si consideraba que estaba reaccionando exageradamente, hasta que fui al baño y me encontré con muchas moscas y al menos cuatro calzoncillos sucios amontonados en el suelo. Ahí decidí que era suficiente. Karina me apoyó y de inmediato envió un correo al hostal. Carolina había salido a comprar. Cuando me di cuenta de que había regresado, fui a hablar con ella.

llama loka hostal sucio

Platos sucios, cotonitos usados en el piso y una pila de ropa interior sucia en el baño.

La conversación fue más o menos así:

Yo: “Hola Carolina”.
Carolina: “¿Todo bien?”.
Yo: “La verdad es que no…”
Carolina: “Si poh, si caché, si ya nos sapeaste con tu amiguita de Worldpackers”.
Yo: (impactada por la reacción y el lenguaje) “Pero… la pieza es un chiquero”.
Carolina: (subiendo la voz) “Si fuerai más mujercita me habriai dicho que estaba así y te la limpiamos poh”.
Yo: “¿Así recibes a tus invitados y voluntarios? Tú me mostraste la pieza. ¿No sentiste el olor? ¿No viste lo asquerosa que está? ¿Los platos sucios, los cotonitos usados, los calzoncillos en el baño?
Carolina: “Ah no sé poh, nunca nadie se ha quejado. Si así va a ser la cosa, mejor te vai. Avísame y te dejo donde querai“.
Yo: “¿Oliste la frazada que me pasaste?”.
Carolina: “No”.

Y remató diciendo que no me estaban esperando, a pesar de toda la comunicación vía Worldpackers que ellos mismos contestaron, dando a entender que no son responsables con su sistema de voluntarios. Era absurdo seguir una conversación con ella que, en vez de arreglar la situación, fue muy prepotente. Nunca le levanté la voz ni le falté el respeto. Y me parece francamente imposible que no sintiera el olor a vómito de la frazada.

Sin embargo, este hostal tiene una puntuación decente en HostelWorld, pero al traducir los comentarios que están en otros idiomas (francés, alemán), varios coinciden en que el hostal es cochino, no limpian y que la actitud de los encargados es agresiva. Además, se realizan fiestas hasta altas horas de la madrugada. Para mí eso no era un problema, pero si planeas levantarte a las 7 am para ir a los tours de San Pedro, este no es el lugar para ti. Aunque tampoco lo es si quieres que te traten de forma educada y deseas utilizar dependencias limpias.

Me preocupa que un lugar tan turístico como San Pedro tenga establecimientos de tan baja categoría. ¿Se preocupará Sernatur de esto?

Tomé mis cosas y me fui caminando al pueblo, que está a casi una hora de distancia. En el camino, un señor en una camioneta paró y ofreció llevarme. ¿Qué peor se puede poner esto?, pensé. Así que acepté. Don Julio resultó ser de la zona. Es agricultor, pero también tiene un hospedaje en San Pedro de Atacama llamado hostal Katarpe. Mientras encontraba una solución, me invitó a acompañarlo en el lobby de sus cabañas donde me habló de su historia. Sin duda, una persona encantadora que empatizó con lo que me estaba ocurriendo. En un momento me dijo que si no encontraba alojamiento, me podía quedar en una de sus cabañas. Don Julio fue como una luz en un momento bastante desagradable.

Me mostró las habitaciones: todo muy limpio y ordenado, un lugar bien ubicado donde perfectamente podrías llevar a tus papás o a tu pareja. Hostal Katarpe, ¡no lo olviden!

Hostal Katarpe

Don Julio, de camisa a cuadros, frente a su hospedaje Katarpe.

Alrededor de las 8 pm —recordemos que había tomado un vuelo a las 11 am y estaba cansada—, Karina de Worldpackers me llamó. Había conseguido que me quedara en el Backpackers San Pedro. En el camino me puse en contacto con la dueña, Fabiola, para agradecerle por recibirme a última hora y decirle que esperara habláramos pronto sobre las actividades que esperaba de mí a cambio del alojamiento.

En resumen, ella quería que yo la recomendara en este blog y Angelo, el encargado, sugirió que trabajara uno o dos días en el bar. Yo no esperaba ni pedí ningún trato preferencial por ser bloguera. Cuando yo recomiendo un servicio, es en base a mi experiencia, independiente si recibo o no algo a cambio. Y si quería hacer este intercambio con Worldpackers, es porque lo paso bien en hostales. Perfectamente podría haberme ido a un hotel, pero no habría conocido a nadie.

El hostal es muy grande y bastante rústico, muy al estilo de San Pedro. Las camas son cómodas y los baños, limpios, así como las dos cocinas del establecimiento. Tiene un bar que abre de 7 pm a 11.30 pm y se hacen fogatas al aire libre.

Esa primera noche dormí sola en la habitación 6, cerca de la recepción. Todo iba bien, pero el barrio donde se encuentra el hostal me pareció algo inseguro. Mi sexto sentido me alertó de que algo andaba mal con este lugar, pero no quise ser prejuiciosa. Sin embargo, dormí muy bien. Al día siguiente me duché y el agua salió caliente. El baño estaba limpio.

La segunda noche dormí en una pieza compartida junto a dos pasajeras chilenas muy simpáticas y un voluntario que no es de Worldpackers. Era la última habitación, justo al lado de una piscina y de un muro con un techo. Tomé una cerveza junto a otros viajeros que se encontraban en el hostal y me fui a dormir antes de la 1 am. Desperté cuando Isidora, una de mis compañeras de habitación, preguntó “¿Por qué está la puerta abierta?”. Luego su amiga dijo “No está mi teléfono”. La última vez que vi su teléfono estaba junto a ella, en su cama, conectado al cargador.

Miré mi bolso y estaba donde lo había dejado, junto a mi cama. Lo abrí y faltaba mi GoPro, 10 mil pesos chilenos y mi viejo, pero adorado teléfono. Evidentemente esto era un robo. Luego vimos una mochila en el patio. Era del voluntario que dormía en nuestra pieza, a quien le robaron una cámara, entre otras cosas.

Pedimos a Angelo, el encargado, revisar las cámaras. Ahí vimos como un tipo estuvo merodeando por el patio del hostal. No se ve en cámara el momento en que entró a nuestra habitación, pero sí cuando deja la mochila del voluntario en el jardín.

ladrón Backpackers San Pedro

Esta es la única imagen del ladrón que entró a Backpackers San Pedro a robar.

Luego unos chilenos nos contaron que lo vieron sentado en el techo, pero estaban borrachos y no se acordaban mucho. Dijeron que tenía acento colombiano y que les había dicho que era el vigilante. Luego bajó del techo y se metió en el patio del hostal. Creo que hay que ser bastante ingenuo para creerse el cuento. Luego en el hostal dijeron que anteriormente había un voluntario colombiano que echaron por borracho que podría estar relacionado con el ladrón. Hasta el momento, son sólo teorías.

Yo estaba un poco entregada a la situación. Intento no ser muy apegada con las cosas materiales, pero esto estropeaba todos mis planes ya que no tenía otra cámara para grabar los tours. Pero luego pensé que esto podría haber sido mucho peor. Nos podría haber violado e, incluso, matado y eso es lo que realmente me tenía un poco shockeada.




La puerta de nuestra pieza estaba cerrada con pestillo, pero la ventana no tenía seguro. Asumimos que metió una mano y se estiró hasta abrir la puerta por dentro. Sin embargo, a Isidora, Sofía y a mí nos pareció sumamente extraño que no escucháramos nada. Según revelaron las cámaras, el ladrón tuvo tiempo para revisar nuestras cosas. Por ejemplo, abrió mi billetera y sacó un billete de 10 mil, pero no tocó mis tarjetas. Saco mi teléfono de su cartuchera, la cual no se llevó, así como tampoco tomó mi computador ni los accesorios de la GoPro. Tampoco se llevó las cámaras de mis compañeras de habitación.

Sinceramente, y ahora que han pasado algunos días, creo que el tipo nos drogó. Es imposible que ninguna despertara. Una de las chicas dijo que tenía sueño liviano. Yo soy de las que despierta con el menor ruido. ¿Y no escuchamos cuando abrió la ventana, forzó la puerta, tomó mi bolso, la mochila del voluntario y el teléfono de Isidora? Imposible.

¿Por qué no usamos los lockers? Porque éstos se encontraban fuera de nuestra habitación, en el jardín, y cualquiera con un napoléon (alicate para cortar candados) podía abrirlos sin que nadie se enterara. Y repito que nuestra habitación estaba con seguro y nuestras cosas las teníamos en nuestras camas o a escasos centímetros.




Angelo fue a la policía y le dijeron que los afectados teníamos que ir a hacer la denuncia. Fuimos y la policía nos dijo que ellos debían responder por la falta de seguridad. También nos dijeron que les pareció un poco extraña la actitud del encargado, como si quisiera evadir responsabilidad. Esa noche me tocaba abrir el bar, y le dije a Angelo que quizás iba a demorarme. Me dijo que no había ningún problema.

Volvimos con uno de los policías al hostal, pedimos que la dueña se presentara y le exigimos que respondiera por la situación. Hicimos una lista y el avalúo por lo robado ascendía a casi 2 millones de pesos. En mi caso, era más de 600 mil pesos, considerando la GoPro nueva, la memoria micro SD de 64 GB que me costó 60 mil pesos y el bastón alternativo, el teléfono Samsung S5 con una memoria de 32 GB y los 10 mil pesos. Nos pidió un acuerdo. Como me había comprado la GoPro en rebaja —aunque difícilmente la iba a encontrar a ese precio— y el teléfono tenía un año de uso, le dije que me conformaba con 320 mil pesos.



Fue una situación muy incómoda porque la dueña había accedido a aceptarme como voluntaria, a pesar de que no necesitaban. Pero me parecía que debían responder por la falta de seguridad del hostal. Había un afiche que decía que había “nightwatcher” (nochero), pero no había nadie que vigilara por las noches.

Pensaba irme a un hotel, pero le pregunté a Fabiola si quería que me quedara como voluntaria y me dijo que sí porque recordemos que quería una recomendación mía, porque además tiene un restaurant en el pueblo, así que me quedé. Le dije que no me interesaba tener un trato preferencial y estaba dispuesta a trabajar más horas de las que ellos pensaban darme. Me sentía culpable y mal, aunque sabía que no tenía culpa alguna por lo ocurrido debido a la falta de seguridad del lugar. Isidora y Sofía se querían ir, pero era tarde y les sugerí que se quedaran.

Al día siguiente —y esto es lo que realmente me empujó a escribir este post—, en plena víspera de Año Nuevo, Angelo me dijo que quería que me fuera, ignorando nuestro acuerdo, lo que me pareció insólito y muy mala clase, porque él había sido amable siempre. Después de esto, creo que todo fue un acto de cinismo porque había que ser “amable con la bloguera que va a escribir de nosotros”. Así que a las 10 de la noche del 31 de diciembre debí buscar otro hostal, aunque prácticamente no había nada para esas fechas.

Me pareció sumamente inhumano y poco empático de parte del hostal hacer esto, a pesar de que acepté quedarme y que que sólo me pagaran LA MITAD de lo robado, y a pesar de que ofrecí hacer más horas de voluntariado. Eso habla de la pésima calidad humana de las personas de Backpackers San Pedro. Debí haber exigido el monto TOTAL de lo sustraído y no llorar como una pelotuda porque le “estaba sacando plata” a los dueños del hostal.

La noche de Año Nuevo salí con los viajeros del hostal, con los que ya habíamos hecho un grupo súper entretenido. Tomás el chileno, Anna la sueca, Nick el australiano, Sigurd el danés, Frank el panameño, más australianos, unas holandesas, etc., salimos todos juntos y lo pasamos increíble en el pueblo. Luego nos dividimos y con un grupo nos fuimos a una fiesta al aire libre.

Cumplí mi meta de celebrar el comienzo del 2018 en San Pedro, pero el hecho de que ese mismo día debía buscar otro lugar para dormir me pareció una movida muy sucia por parte del Backpackers San Pedro. Perdí casi todo el 1 de enero buscando alojamiento y haciendo check out y check in.

Por suerte, encontré habitación en el hostal Ají Verde, un establecimiento bastante bueno que también trabaja con Worldpackers. Sólo me quedé una noche. Varios hostales y hoteles ofrecieron que me quedara, pero decidí irme a Santiago. Quizás vuelva más adelante.

Una posible solución pata sentirse más seguro al viajar es usar este tope detrás de la puerta. Son baratos y livianos y puede evitar que te ocurra lo que me pasó a mí.

Este artículo no tiene otra intención más que contar exactamente lo ocurrido entre el 28 de diciembre de 2017 y 1ero. de enero de 2018 y evitar que otras personas pasen por la misma situación que yo. En cuanto a Worldpackers, ellos se portaron muy bien y reaccionaron de inmediato cuando abandoné el primer hostal, Llama Loka. Les envié un correo contándoles todo lo ocurrido con el robo en el Backpackers San Pedro y estoy a la espera de una respuesta.

La policía de San Pedro se portó increíble con nosotras, las afectadas. El día que me fui del pueblo, pasé a despedirme y a agradecerles nuevamente por su ayuda. Creo que ellos tienen cosas más importantes que hacer, así que no sé si la seguridad en San Pedro es buena o no para los visitantes. Lamentablemente, me fui con un gusto algo amargo.

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No soy de esas blogueras que sólo hablan de las maravillas de los lugares con el fin de que les inviten a viajar gratis. No. Este es un blog que recomienda cosas que de verdad considero buenas, pero creo que cuando ocurren hechos graves como los relatados, también deben darse a conocer. 

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Fran Opazo es periodista con mención en Comunicación Digital y un diplomado en Historia. Colabora en distintos medios y realiza charlas sobre la importancia del periodismo de viajes y los medios digitales en la industria del turismo nacional e internacional. Crea contenido web de manera profesional y es Community Manager. Si necesitas mis servicios profesionales, no dudes escribirme a francisca.opazo.c@gmail.com.

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