Relatos del Norte Grande: turismo en Tarapacá

Cuando pensamos en el Norte Grande, el desierto de Atacama aparece en nuestra mente. Y si pensamos en Tarapacá, nos acordamos de la Zona Franca o del Combate Naval de Iquique que nos enfrentó con Perú, en 1879. Sin embargo, el norte de Chile esconde pueblos que sorprenden y encantan a todo aquel que está en busca de un relato auténtico, donde algunas costumbres se desvanecen con el tiempo, mientras otras se aferran gracias a la acción de diversos actores del turismo en Tarapacá.




Inmersos entre el desierto y el altiplano, estos relatos salen a flote gracias a este viaje de prensa  que corresponde a la ruta diseñada por el Instituto del Patrimonio Turístico de la Universidad Central, con apoyo de SERNATUR, CORFO y el Consejo de la Cultura y las Artes, y organizado por CoMedia.

Pica, un oasis con sabor a trópico

Pica se encuentra a 114 kilómetros de Iquique. La carretera parece eterna: la soledad del desierto hace que esta sensación de lejanía aumente. Sin embargo, al llegar a Pica, nos encontramos con el eslogan vivo de oasis en la mitad del desierto, como se le conoce a esta comuna.

Además de la Cocha, vertiente semi termal que se da en medio del pueblo, Pica destaca por la abundancia de frutos tropicales. Maracuyá, mango, guayabas y limones se ofrecen en diferentes productos: mermeladas, helados, cervezas, miel y espumantes.




Tras estas creaciones dulces con sabor tropical está el matrimonio conformado por Nancy Guzmán y Luis Soto. Tras dificultades económicas, la pareja decidió emprender: ella, con Tentaciones de Pica, un conjunto de mermeladas de distintos sabores, sin preservantes ni colorantes. Él, con Piqueña, la marca que llevan sus cervezas y espumantes.

Antes de conocer el local donde venden sus productos, visitamos la fábrica de los Guzmán Soto, un lugar que cuenta con todas las normas de salud establecidas por la ley, pero que ha costado llevar adelante. El principal obstáculo ha sido la logística. “Al no tener químicos, los productos deben ser envasados en vidrio, lo que dificulta y aumenta el costo del despacho”, argumenta Nancy.

Tanto Tentaciones de Pica como Piqueña son productos de gran calidad que perfectamente podrían participar en ferias gastronómicas y turísticas que inviten a los visitantes a conocer las delicias de Pica. Mientras tanto, podemos disfrutar de sus delicias en su local en Camino Fiscal s/n o hacer sus pedidos directamente a sus correos electrónicos.

Luis Soto: luis_soto_h@hotmail.com
Nancy Guzmán: tentacionesdepica@gmail.com.

El cantero de Mamiña

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Mamiña, Pozo Almonte.

A casi tres mil metros de altura se encuentra Mamiña, un pueblo cuyo casco antiguo lleno de adoquines y ornamentos de piedra parece haber sido tallado por el mismo hombre.

Juan Fuentes Guajardo sube un monte y desafía su equilibrio. Desde ahí, acarrea grandes trozos de piedra liparita rosada hasta su taller. En solitario, talla la roca, hasta que una iglesia o un reloj emerge. Originario de Purén, región de la Araucanía, lucha por mantener vivo el arte representativo del pueblo que en 1982 se convirtió su hogar. Hoy sólo moldea la piedra a pedido. Antes, podía hacer casas completas utilizando este material, aprovechando las cualidades térmicas y antideslizantes de la liparita.

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Juan sabe que es de los últimos artesanos que trabaja la piedra de Mamiña.

“Nosotros rescatamos este arte en los 90’s”, dice Juan con un dejo de tristeza. “Había decaído, pero pudimos adecuar el trabajo al nuevo sistema social. En cambio, ahora no hay gente”, añade.

Asegura que quedan alrededor de 12 artesanos dedicados a la liparita y que en un futuro cercano no habrá más mano de obra. Los más jóvenes abandonan Mamiña en busca de otros horizontes.

Hoy, el cantero de Mamiña se prepara para la que cree será la última exposición de piedra rosada a realizarse en el pueblo, a mediados de 2018.

Un momento de relajo en Mamiña

En el mismo pueblo, nos encontramos con los Baños Ipla y los Barros Chinos, una alternativa para quienes buscan descansar y conocer el emprendimiento de habitantes del lugar, descendientes Aymarás y Quechuas, apegados a sus tradiciones y costumbres ancestrales.

Los Baños Ipla cuenta con unas cabinas donde hay una especie de bañera donde caben dos personas. El agua termal puede llegar hasta los 40 grados y se presume tiene propiedades medicinales. Bastaron 10 minutos sumergida en el agua para sentirme renovada y relajada.




En tanto, en los Barros Chinos hay capacidad para más personas. Acá el proceso es simple, pero muy beneficioso para la piel. Basta con aplicar el barro húmedo a la piel y tenderse al sol para que se seque. Para sacárselo, basta con sumergirse en una terma al aire libre que se encuentra en el mismo lugar.

No puedo asegurarles que abandonen Mamiña con la piel tersa y rejuvenecida, pero sí con el cuerpo descansado y con la sensación de haber vivido una experiencia única y propia del Norte Grande de Chile.

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Fran Opazo

Periodista con mención en Comunicación Digital y un diplomado en Historia. Colaboro en distintos medios y realizo charlas sobre la transformación digital en el turismo. El 2018 empecé a trabajar en una agencia de Marketing Digital y a escribir contenido para la Promoción Oficial de Chile en el mercado nacional e internacional (Chile Travel y Chile Es Tuyo). Si necesitas mis servicios profesionales, no dudes escribirme a lavidanomade@gmail.com. Véamonos en Instagram Facebook y Twitter.

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