Hay personas que han roto una relación por viajar, que han vendido un auto o que han dejado sus carreras. En mi caso, lo más extremo que hice por viajar fue hacerme una cirugía. En concreto, una reducción mamaria.

Luego de escribir este artículo me di cuenta que, en realidad, he hecho todas las cosas nombradas: ¡romper una relación, vender un auto y dejar una carrera!

Durante muchos años me auto engañé y me sentía muy confundida al respecto. Por un lado, estaba la atención indeseada: caminar por la calle y que cada tres metros alguien hiciera algún comentario obsceno sobre mi busto. Los famosos piropos nunca me gustaron. También estaban esas “amigas” corrosivas y nontan dotadas que dicen cosas para hacerte sentir mal. Dicen que te gusta mostrar, que se te ve todo, que los hombres te dan bola solo porque eres pechugona.

También están los comentarios buena onda del tipo “qué suerte la tuya, qué curvilínea eres”. Claro, porque ser pechugona y caderona hacía que la cintura se me viera más pequeña, tipo pin up. Sin embargo, también hace que te veas más gorda, con efecto gallina.

El verano era un martirio porque obviamente sentía calor y debía ponerme menos ropa. Era muy desagradable caminar por la calle y que te jodieran todo el tiempo. Me desarrollé a los 13 años y, desde entonces, tuve que aguantar comentarios de todo tipo. Creo que esto influye en que las mujeres tetonas caminemos encorvadas, como si nuestra anatomía voluptuosa nos avergonzara, como si quisiéramos que las pechugas se hicieran invisibles.

Mi papá alguna vez comentó algo que me hizo sentir muy mal, diciendo que si yo mostraba era obvio que me iban a molestar. No sé qué esperaba que usara en pleno verano con 30 grados. ¿Un velo islámico?




No se trata de mostrar más, se trata solamente de ponerse un traje de baño o un bikini y disfrutar de la piscina o la playa como todo el mundo. Me limitaba muchísimo para hacer deporte, para vestirme y para absolutamente todo. De hecho, ¡al bajar las escaleras no me veía los pies!

Había ropa que yo no podía usar porque me veía demasiado provocativa y casi vulgar. Al tener espalda y cintura relativamente pequeñas, era muy difícil encontrar blusas y chaquetas. Si me quedaban bien de busto, me quedaban grande de todas partes, y viceversa.

Muchas veces me encontré con personas que hablaban de mis pechugas como quien habla de los tomates del supermercado. A veces, a mis espaldas,decían que eran falsas. ¡Ojalá fueran falsas! La silicona pesa menos que la glándula mamaria.

En algunos casos, las mujeres son pechugonas porque engordan. Lo que tienen es grasa abultada. En mi caso, las pechugas no se iban con nada porque era un tema de glándula y no de gordura. En épocas en que estaba muy delgada, parecía una conejita Playboy con unas tremendas pechugotas. Esto lo heredé de mi mamá y mi abuela, que también son súper pechugonas.

Durante mi juventud hice distintos tipos de deporte, entre ellos, kickboxing, zumba y pilates, y el dolor de espalda era insoportable. Sentía que me había pasado un camión por encima.

Era tanto el dolor que mi actividad física se redujo a cero.

Tuvieron que pasar muchísimos años para que yo me decidiera a hacer esta operación. Hubo una situación en particular que me empujó a hacerme una reducción mamaria.

El 2013 fui a Machu Picchu y Bolivia, y el dolor de espalda que sufrí luego de cada excursión a distintos lugares fue insoportable. Andaba de pésimo genio. Me di cuenta que las pechugas estaban haciendo cada vez más difícil vivir y viajar.

Todo esto coincidió con mi reingreso a la universidad, cuando decidí convertirme en periodista de viajes. Había un montón de aspectos físicos y psicológicos que me provocaba el ser tan pechugona, pero el solo hecho de que me condicionara para viajar fue algo que no estaba dispuesta a aceptar.

Un traumatólogo me dio el certificado para hacerme la cirugía. Con este documento que certificaba que tenía una hipertrofia mamaria que me producía problemas a la espalda, fui a mi Isapre.

Tenía muchas dudas y sabía que el resultado de las cicatrices dependía de mi tipo de piel y de los cuidados post cirugía.

Mis amigos hombres decía que esto era un error, un gran desperdicio. Claro, como ellos no tienen que acarrearlas, es fácil decirlo.

En el verano junté más dinero para la cirugía trabajando en cruceros, ya que la Isapre solamente pagaba un porcentaje.

Me operé el 14 de julio del 2014.

Antes de la operación

Me debí realizar una mamografía y exámenes de sangre. Todo salió muy bien. A mi favor tengo que dejé fumar el 2009 y que tengo muy buena salud.

Dejé de consumir alcohol 4 meses antes de la cirugía, aunque nunca he tomado mucho. También me saqué una radiografía de columna por orden del traumatólogo. Mi diagnóstico fue que tenía hiperlordosis y no recuerdo que más, pero significaba que mi Isapre iba a pagar un porcentaje de esta cirugía.

La cirugía

Entré al quirófano con muchas dudas. Me dolía gastar esa plata, dinero que me alcanzaría para viajar a muchos lugares. Sin embargo, los dolores que sentí después de subir a Machu Picchu me impulsaron a tomar esta decisión.

No sabía qué tamaño quería, pero le dije al cirujano que quería andar sin sostén de vez en cuando. El problema es que ahora casi siempre ando sin sostenes porque es tan, pero tan agradable.

Al final, convenimos en que una B llena o una C pequeña era la talla adecuada por mi espalda y mi estatura.

Al ingresar a la sala de operaciones tiritaba de miedo. Me pusieron la epidural más un sedante. No sé porqué antes de quedarme dormida mi último pensamiento fue “qué pena, nunca vi la ópera Madame Butterfly”, como si me fuera a morir.

La operación duró 4 horas y hubo algunas complicaciones porque sangré muchísimo. Me hicieron una incisión en forma de T invertida para sacar parte de la glándula y un poco de grasa. No me hicieron liposucción en el área alrededor porque no quise. Eso duele y yo y el dolor no somos amigos. En cambio, la reducción no me dolió nada.

Me sacaron 520 grs. del pecho izquierdo y 480 grs. del pecho derecho.

Medio kilo por pechuga. ¡MEDIO KILO!

Despertando de la operación

Cuando desperté me puse a llorar de la emoción. Al fin mi tortura había terminado. Soy un poco cobarde con el tema de las operaciones, así que hacer esto era un gran logro para mí.

Incluso con parches y vendada como una momia ya me sentía diferente. Ya me costaba mucho menos levantarme. Era asombroso.

Antes y después, con el mismo vestido.

Recuperación

Pasé como 4 semanas en cama, no lo recuerdo bien. Nunca sufrí ningún tipo de dolor, hasta que cuatro o cinco meses después una pequeña porción de las cicatrices se pusieron hipertróficas (que no es lo mismo que un queloide). Me inyectaron corticoides y fue horrible el dolor.

Aparte de eso, no sufrí grandes molestias.

Costos de la cirugía

Creo que es imposible hablar de una cirugía de pechos sin hablar del costo.

Esto fue el año 2014 y me operé con uno de los mejores cirujanos de Chile. Por lo tanto, obviamente me salió caro.

En total la operación costó $4.120.000 chilenos, incluyendo honorarios médicos, dos sostenes especiales e insumos quirúrgicos, más un día de hospitalización en la clínica, medicamentos, insumos y derecho a pabellón.



Ese monto no incluye remedios ni cremas post operatorias .

A esto hay que sumarle la sesiones de kinesiología post cirugía y el aceite de argán que cuesta alrededor de $20.000.

De los $4.120.000 la Isapre me reembolsó $1.580.000.

Lo pagué en efectivo, igual que los narcotraficantes 😅

Diferencias entre cirugía plástica y cirugía plástica reconstructiva

Es importante decir cuál es la diferencia entre una cirugía plástica y una cirugía reconstructiva.

La cirugía plástica tiene como fin mejorar la apariencia estética de una persona. La cirugía reconstructiva corrige defectos provocados por lesiones, accidentes o enfermedades. Se encarga de mejorar las funciones de los órganos dañados y devolver su funcionalidad así como su apariencia.

Las Isapres no cubren las cirugías plásticas pero si cubren la cirugía reconstructiva.

Si quieres saber en detalle más sobre mi cirugía, puedes leer el blog https://reduccionmamaria.wordpress.com.

PD: Para ser franca, no es que me guste compartir este tipo de información, pero lo siento casi como un deber porque, de verdad, me cambió la vida para bien y para viajar más y mejor Y sé que puede ser de mucha utilidad para muchas mujeres.

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Fran Opazo

Periodista con mención en Comunicación Digital y un diplomado en Historia. Colaboro en distintos medios y realizo charlas sobre la transformación digital en el turismo. El 2018 empecé a trabajar en una agencia de Marketing Digital y a escribir contenido para la Promoción Oficial de Chile en el mercado nacional e internacional (Chile Travel y Chile Es Tuyo). Si necesitas mis servicios profesionales, no dudes escribirme a lavidanomade@gmail.com. Véamonos en Instagram Facebook y Twitter.

1 comentario

andrea m · 26 noviembre, 2018 a las 6:05 pm

Soy otra viajera que también se operó, aunque mucho antes de empezar a viajar. Te leía y recordaba todo el sufrimiento tanto físico como psicológico que pasé. El año que viene se cumplen 10 años de mi operación, y puedo decir orgullosamente que fue lo mejor que hice, además de viajar.
Me alegra que hayas compartido tu experiencia, a mi me costó un par de años hasta que logré naturalizarlo y poder contarlo. Saludos!

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