En la región del Maule sobrevive un tren gracias a su valor cultural y patrimonial único en Chile: el ramal Talca Constitución, una vía férrea secundaria de más de 100 años cuyo recorrido cubre 88 kilómetros, pasando por pequeñas localidades como Curtiduría, donde anualmente se celebra una fiesta donde el chancho se convierte en protagonista.




Alrededor de las once de la mañana llegamos a la estación de Talca para dirigirnos a la localidad de Curtiduría a la Fiesta del Chancho, una celebración de carácter costumbrista que rescata las tradiciones del campo. Aquí se reúne la familia y los amigos en torno a la matanza del cerdo, el cual es aprovechado íntegramente para preparar platos y subproductos.

Estación de Talca para tomar el ramal Talca Constitución.

Se aproxima un pequeño tren de dos vagones y vivos colores: es el buscarril que nos llevará a lo más profundo del campo maulino.

El maquinista nos da la bienvenida a este recorrido que cumplió un centenario de vida en 2015. Nos cuenta que el camino de 88 kilómetros que bordea la ribera norte del río Maule se realizó por tramos, siendo el que conecta Talca con Curtiduría el primero en estar listo, inaugurado en 1892. Los coches actuales fueron traídos desde Alemania en 1963.

El viaje es tranquilo y nos maravillamos con las montañas y paisajes propios de esta parte del sur de Chile. A medio camino vemos el punto exacto en que los ríos Maule, Claro y Loncomilla se unen.

Buscarril del ramal Talca Constitución.

Una señora se presenta como una de las organizadoras de la Fiesta del Chancho y nos cuenta que existe la posibilidad de participar en un concurso del cual nunca nos enteramos. Junto a ella va un joven vestido de huaso elegante, con chaqueta blanca y sombrero. Ambos nos ofrecen café de trigo y un pan con chancho. El adolescente, además, busca pareja para dar la bienvenida con un pie de cueca en cuanto lleguemos a destino.

Ramal-Talca-Constitucion

Curtiduría nos recibe con música campesina.

Luego de 33 kilómetros recorridos, el tren se detiene. Llegamos a Curtiduría. En la estación del pequeño pueblo, dos huasos nos reciben con guitarra en mano. Todos los visitantes escuchan la melodía en silencio y conmovidos, quizás, por la tristeza de la letra. Luego, el joven del tren acompañado de una audaz lugareña, se toman el improvisado escenario y bailan un pie de cueca.

Iluminados por un cielo azul y acompañados por gallinas, viñedos interminables y viejas casas de adobe, caminamos alrededor de veinte minutos hacia la escuela donde se realiza este especial festejo donde emprendedores locales se preparan y postulan para ser escogidos y tener la oportunidad de dar a conocer sus productos.

Al llegar a la fiesta, los pobladores locales nos reciben con marraquetas y chicharrones como antesala a los platos que degustaremos más adelante. En el galpón principal inaugura la fiesta el mismo adolescente vestido de huaso que nos acompañaba en el ramal: baila una cueca en solitario y todos aplauden, sorprendidos por el talento innato de este joven maulino.

En el comedor principal podemos ver la cocina abierta y las mujeres preparando las especialidades del lugar: cazuelas de cerdo, costillar con papas cocidas, prietas, empanadas de pino, queso de cabeza, pan amasado, pebre y vino.

La sobremesa es larga y el vino se hace poco. Los locales rellenan sus vasos y salen a dar un paseo entre los viñedos y los caballos que descansan tranquilos bajo los árboles.




Ya con el estómago lleno y el corazón contento por participar en esta festividad de carácter netamente rural, debemos subir al buscarril que nos llevará de regreso a Talca.

En 2007 el ramal fue declarado Monumento Nacional, convirtiéndose en patrimonio y brindando la posibilidad de que más visitantes hagan un viaje a lo más profundo del campo chileno y disfruten de celebraciones locales como la Fiesta del Chancho de Curtiduría.

En los vagones todo el mundo parece contento. Nosotros también tras haber presenciado el lado más auténtico y la cálidez característica del mundo campesino de la región del Maule.

Fran Opazo es viajera y periodista con mención en Comunicación Digital. Creó La Vida Nómade en 2014 y en 2017 fundó AChileTB, la 1era. Asociación de Blogs Chilenos de Viajes. Y como encuentro terrible hablar en tercera persona, ahora hablaré como yo: también colaboro en distintos medios de turismo y realizo charlas sobre la importancia del periodismo de viajes y los medios digitales en la industria del turismo nacional e internacional. Lee más sobre mí en este enlace.

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