La gran mayoría de los chilenos no se puede dar el lujo de dejar sus trabajos para viajar por el mundo. Quizás tú puedes, pero antes de que saques tus conclusiones, te pido que leas el artículo hasta el final para que entiendas mi postura. Estoy en un montón de grupos de Facebook y portales de viajes, y estoy un poco cansada de leer siempre el mismo título que se repite como un mantra millenial: deja tu trabajo para viajar por el mundo. No es que me parezca una mala idea: al contrario, dejé mi trabajo de diseñadora para viajar, pero trabajando a bordo de cruceros y mochileando después con el dinero ahorrado. Luego me las ingenié para estudiar una carrera que me permitiera trabajar desde cualquier parte.

En tiempos de Instagram, donde los viajes parecen sacados de una película, donde nadie transpira ni se ensucia, no te voy a mentir y decir que todo fue miel sobre hojuelas.

Tal como dije en mi charla en INACAP hace algunos meses, creo que como comunicadores tenemos una responsabilidad. Sería inapropiado llamar a los demás a renunciar sin tener un propósito claro ni una posibilidad real de mantenerse viajando. ¿Cómo le puedo decir a alguien que deje su trabajo para ir a Tailandia si el pasaje cuesta el equivalente a tres sueldos mínimos? ¿Cómo podría yo decirle a una persona que renuncie y viaje por el mundo si se endeuda semana a semana para poder pagar sus estudios o las deudas acumuladas? ¿Cómo puedo decirle a ese estudiante que paga mil dólares al mes en la Universidad que gaste lo mismo en un pasaje a Barcelona? Porque viajar desde Chile es caro, muy caro.




No es lo mismo dejar tu vida “de oficina” si eres de países desarrollados, donde la educación y la salud es gratis, para viajar por meses al Sudeste Asiático. No lo digo con ánimos de resentimiento: soy una persona privilegiada —pero bastante buscavidas—, no tengo deudas, y aunque me pago mis viajes o viajo gracias a mi trabajo, aún así cuento con el apoyo de mi familia. ¿Cuántos chilenos pueden decir lo mismo? Quizás tú puedes, pero aún así perteneces a un porcentaje muy pequeño de la población.

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Viajar es un lujo, aunque sea para irte a lavar platos a Nueva Zelanda. ¿Sabes por qué? A diferencia de miles de chilenos, tienes la posibilidad de elegir. La mayoría no puede. Muchos chilenos ni siquiera conocen la playa.

Tu gobierno no te ayudará ni considerará tu viaje de seis meses por Asia como algo relevante. Te lo digo por experiencia propia: mi currículum no es visto con buenos ojos por potenciales empleadores. El hecho de haber pasado 10 años yendo y viniendo, en diferentes trabajos, causa impacto, tanto positivo como negativo. Y hoy, por primera vez en una década, llevo más de 5 meses en una sola ciudad. Actualmente me la estoy jugando por todo lo que no hice esos 10 años: construir. Las cosas han cambiado y no necesito dejar mi trabajo para viajar porque mi trabajo está relacionado con viajar. Pero llegar ahí no ha sido fácil y no quiero tampoco que lo parezca, con el mero fin de ganarme unos seguidores más. Sin el apoyo de mi familia, este cambio de vida habría sido muy difícil o casi imposible.

¿Y sabes lo que me irrita profundamente? La cantidad de blogueros que hay vendiéndote humo con sus e-books de pago en los que te cuentan cómo renunciaron y lograron viajar por el mundo. Algunos lo lograron ¡sí! pero hay muchos otros que no, y es a través de esta venta de humo que logran financiar sus viajes, pero no lo van a admitir. Mi idea no es desmotivarte: sólo quiero decirte la verdad y repetirte que viajar es un lujo. Si tienes la posibilidad de elegir, siéntete privilegiado. La mayoría de los chilenos no puede renunciar para irse a viajar por el mundo y creo que debemos ser humildes y respetuosos ante la desigualdad que no les permite hacerlo.




EDIT: Agradezco los comentarios positivos que he recibido por redes sociales gracias a este artículo, el cual fue escrito desde la rabia y la pena frente a la desigualdad que se vive en Chile, tanto así que no me preocupé de que fuera un texto “magistralmente escrito” en ningún caso. No me cabe duda que esta desigualdad se da aún con mayor intensidad en otros países latinoamericanos.Y a los que no están de acuerdo y responden “yo pude dejarlo todo y me fui a viajar con mil dólares”: LOS FELICITO. Como menciono en el texto, quizás así como yo, tú también puedes.

Sin embargo, creo que cuando estamos constantemente consumiendo contenido relacionado a los viajes, se nos olvida que el mundo es más que eso. Y a nuestro alrededor son más lo que no pueden salir a recorrer el mundo, ya sea porque tienen una enfermedad carísima de mantener, familiares que cuidar, deudas que pagar, entre otras limitantes. Dejemos de mirarnos el ombligo y tomemos en cuenta la realidad de los demás. Sé que me lee mucha gente que no puede viajar y les agradezco que valoren mi honestidad. Y espero que, de alguna manera, puedan viajar conmigo.



Fran Opazo es viajera y periodista con mención en Comunicación Digital. Creó La Vida Nómade en 2014 y en 2017 fundó AChileTB, la 1era. Asociación de Blogs Chilenos de Viajes. Y como encuentro terrible hablar en tercera persona, ahora hablaré como yo: también colaboro en distintos medios de turismo y realizo charlas sobre la importancia del periodismo de viajes y los medios digitales en la industria del turismo nacional e internacional. Lee más sobre mí en este enlace.

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